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lunes, 7 de mayo de 2012

Momotaro "El niño melocotón"


Esta es la historia de Momotaro que tanto nos gusta de nuestro profe Pabo, ilustrada por sus alumnos Mario, Jorge, Adrian V., Antonio, Diego, Luismi, Alberto, Adrian P. y Jose Luis, espero que la disfruteis.

MOMOTARO
EL NIÑO MELOCOTON

Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar de Japón vivía una pareja de ancianos.


Un día el anciano salió a la montaña a recoger leña mientras que su esposa fue al río para lavar ropa. En eso estaba cuando vio a  un enorme melocotón que bajaba por el río, aguas abajo.







Ella lo recogió y se lo llevó a casa.
El anciano al llegar a casa se sorprendió al ver tan enorme melocotón! y dijo: “¡Qué melocotón tan grande!, ¿lo cortamos? y la anciana contestó: “¡Sí, vamos a cortarlo!”.




En ese momento el melocotón empezó a moverse, se rompió y de su interior salió un niño.
Los ancianos se sorprendieron al ver a un niño salir de aquel enorme melocotón, y a la vez, una gran alegría los embargó al ver en él al hijo que no tenían.
“¡Lo llamaremos Momotaro! porque nació de un “momó” (melocotón).
Momotaro comía mucho y creció fuerte y robusto. Nadie podía rivalizar con él, pero había algo que preocupaba a los ancianos: En todo ese tiempo, no había pronunciado ni una sola palabra.


Pasó el tiempo y llegaron unos días en que unos demonios estaban causando alboroto y cometiendo fechorías por todo el pueblo. Ante eso, Momotaro pensaba dentro de sí: “¡Esta situación no lo puedo tolerar!”.
Un día, de repente comenzó a hablar y dijo a sus padres: “¡Voy a derrotar a los demonios! Por favor ayúdenme con los preparativos para mi salida.” Los ancianos se quedaron sorprendidos al escuchar por primera vez la voz de Momotaro.
El anciano, después de reponerse de la sorpresa, se dirigió a Momotaro diciéndole: “Hijo, es mejor que desistas de hacer cosas tan peligrosas”.
Pero los ancianos al ver la determinación de Momotaro, decidieron ayudarle en lo posible con su empresa. Le entregaron ropas nuevas y de alimento la ancianita le había preparado “kibi dango” (bola hervida de harina de mijo).
Momotaro partió hacia la isla de los demonios y los ancianos rezaban a dios para que su hijo se encontrara sano y salvo.
Momotaro se encontró con un perro durante el viaje. El perro le dijo: “¡Oiga! Déme un “dango” por favor. Si me lo dá le ayudo”. Momotaro le entregó un “dango” y empezaron a caminar juntos.




Momentos después se encontraron con un mono, el cual pidió a Momotaro lo mismo que el perro. Momotaro tomó un “dango” y se lo entregó, y los tres empezaron la marcha nuevamente.





En el camino a la isla del demonio, encontraron a un faisán, el cual pidió lo mismo que los anteriores y se unió al grupo.
Pasaron unos días y llegaron por fin a la “isla de los demonios”. El faisán realizó un vuelo de reconocimiento y al volver dijo:”Ahora todos están tomando Sake“. Momotaro pensó que era una buena ocasión y dijo:”Vamos”.




Pero no podían entrar porque el portón estaba cerrado. En ese momento el mono saltó el portón y abrió la cerradura.
Los cuatro entraron a la vez y los demonios quedaron sorprendidos al verlos. El perro mordió a un demonio, el mono arañó a otro mientras que el faisán picoteaba a un tercero.
Momotaro dió un cabezazo al jefe de los demonios y le dijo: “¡Ya no hagan cosas malas!”.


Los demonios contestaron: “¡Nunca más lo haremos!, ¡perdónanos!”




Momotaro los perdonó y recobró el tesoro robado, volviendo a casa sano y salvo con sus amigos.
Momotaro estaba muy contento de haber realizado su sueño.


¡Y colorín colorado
este cuento se ha acabado!.


viernes, 9 de abril de 2010

El Sombrero de Paja (Kasa-Jizo)

Hace mucho tiempo, en algún lugar, había un abuelo y una abuela pobres. El abuelo fabricaba sombreros de paja todos los días y solía venderlos en la ciudad.


En el último día del año, el abuelo fue a vender a la ciudad 5 sombreros. Antes de salir le dijo a la abuela:
- "Venderé los sombreros y a la vuelta compraré bolas de arroz de año nuevo".
Y la abuela le respondió:
- "Entonces te estaré esperando. Que te vaya bien".



El Mercado de la ciudad estaba abarrotado de gente. Aunque, como nadie compraba sus sombreros, el abuelo no pudo comprar las bolas de arroz.



Al atardecer, poco a poco hacía más frió y comenzó a nevar. Cuando el abuelo volvía de la ciudad, empezó a nevar con mas fuerza, y por el camino vio una fila de estatuas con la forma de los dioses de los niños, que estaban cubiertas de nieve. "Pobrecitos" pensó el abuelo "si tuviesen sombreros podrían resguardarse". Así que el abuelo les puso los sombreros que no había podido vender. Como había 6 estatuas y el abuelo sólo tenia 5 sombreros, también les dio el sombrero que él llevaba.



Cuando el abuelo volvió a casa estaba blanco por la nieve. Le explico a la abuela lo que había ocurrido con los sombreros y las estatuas. La abuela pensó que había hecho una buena acción. Después cenaron y se fueron a dormir.



Esa noche, mientras el abuelo y la abuela dormían, alguien merodeaba en frente de la casa. El ruido los despertó, así qué fueron a ver quien había fuera.



Cuando el abuelo y la abuela abrieron la puerta, sorprendidos se encontraron delante de su casa varios paquetes. A lo lejos vieron la figura de 6 pequeñas personas con sombrero que se alejaban.



En los paquetes había mucha comida y grandes manjares. Ahora el abuelo y la abuela podrían celebrar el año nuevo.


Espero que os guste este cuento que nos lo manda el Shidoshi Ho Daniel Compan con todo su cariño.